Jakobsleiter (La escalera de Jacob) es una de las obras más enigmáticas de Schöenberg. En ella, el compositor aglutina corrientes de pensamiento ligadas a la historia, a la religión, a la estética y a la filosofía.
En la interpretación plástica que realizo sobre esta obra utilizo distintos tipos de materiales pétreos y pigmentos plasmando todo tipo de matices burdos y orgánicos, representando el ascenso de una escalera que genera mucha inquietud, hostilidad y tensión psicológica.
El fragmento de la obra que he reflejado (00:00”- 00.28”) en su interpretación plástica, me sugiere la inestabilidad de una escalera que no se sabe dónde va a llevar. Esa inquietud la he plasmado desdibujando la escalera con trazos imperfectos. El soporte de hierro sostiene la escalera inestable e incierta en una estructura masiva, densa, apelmazada, en la que se integra formando una unidad, como en la interpretación de Nagano.
La base de la cuerda contundente y sólida simularía el frío metal de la estructura. Los metales van ascendiendo peldaño a peldaño.
Símbolo, Mito, Rito y Geometría toman forma en un viaje iniciático de carácter individual y de dimensión universal. El microcosmos y el macrocosmos se unen a través de esta obra. La Escalera cumple la función de mito gracias al simbolismo que esta recoge.
La palabra mito deriva del griego mythos, que significa “palabra” o “historia”. La función del mito es la de consagrar la ambigüedad y la contradicción. Un mito no transmite un mensaje único, claro y coherente; el mito, como el símbolo y el rito, siempre contienen un mensaje polisémico: una significación, diversas interpretaciones.
En la «coincidentia opositorum» el mito, como el símbolo, logran que los opuestos encuentren un lugar común. Los opuestos son las ideas y las cosas, Dios y el Hombre, lo de arriba y lo de abajo. Pero también lo abstracto y lo concreto.
La mitología no es sino una alternativa de explicación frente al mundo que recurre a la metáfora. Esta recurre al símbolo, porque en rigor no hay “trasposición de sentido” (metáfora) sino un impulso a intuir un sentido oculto, como herramienta creativa. El mito no es dogmático e inmutable sino fluido e interpretable.
Platón nos cuenta que el demiurgo se compadece de la materia y copia en ella las ideas, obteniendo con ello los objetos que conforman nuestra realidad. De esta forma explicaba la separación entre el mundo de las ideas que son perfectas y el mundo real (material) que, siendo imperfecto, participa como una copia de la perfección.
En Platón no hay “separación” entre mundos (ideas y cosas) sino unión entre ambos en un mundo intermedio (jorismos) en donde todo cobra sentido, en donde se espiritualiza la materia y se materializa el espíritu. Promover este espacio intermedio es objeto del Arte y del artista.