Debussy

“La música expresa lo que no se puede decir y lo que es imposible de callar”

La Mer, L. 109, CD. 111: III. Diálogo del viento y el mar

Claude Debussy

Herbert von Karajan, Berliner Philharmoniker

231,5 x 1062,6 cm

Fibra de vidrio

Luz del amanecer

Volúmenes en los que se puede observar el claroscuro

Maqueta con distintas iluminaciones

"Dialogue du vent et du la mer"

Por Claude Debussy

Casa Meztger es una vivienda unifamiliar ubicada en Llançà (Alto Ampurdán) en un emplazamiento donde la fuerza de la Naturaleza es muy poderosa. Los cuatro elementos interactúan dando lugar a un paisaje bellísimo cargado de poética. Fuego (Sol) que contribuye sobre todo a ir calibrando todos los matices que la Tierra nos regala dibujada por el Viento (Aire) y el Mar (Agua).

El juego de los cuatro elementos nos hace transitar por estados anímicos que la sola geografía proporciona. Junto a estas fuerzas de la Naturaleza, nos encontramos con un proyecto arquitectónico de gran pureza y belleza. Casa Meztger se convierte entonces en un soporte perfecto de proporciones áureas en el que desarrollar un proyecto basado en un diálogo entre dos de los elementos: El Viento y el Mar. El Fuego (Sol) jugará con su luz modelando cada instante una proyección diferente sobre el muro: Tierra.

Propongo así una obra musical del compositor Claude Debussy que por sus particulares características que a continuación veremos me lleva a interpretarla de forma plástica.

Me estoy refiriendo al III movimiento de “La Mer”, llamado “Dialogue du Vent et de la Mer”.

“La Mer”, formalmente, es un símbolo del mar. Así como las olas del mar se mueven hacia la playa mientras el agua real sube y baja en su lugar, del mismo modo las melodías de la obra avanzan en el tiempo mientras las armonías y sonoridades subyacentes permanecen prácticamente estáticas.

En Dialogue du Vent et de la Mer, el desarrollo surge del enfrentamiento de las fuerzas antagónicas del movimiento (orden) y el caos.
En La Mer, Debussy logra esa imposibilidad por parte del oyente de percibir los puntos de unión, las transiciones, pasándose de una zona a otra como si fluyese de forma sencilla y natural. En este tercer movimiento, al ser un diálogo de dos fuerzas distintas, ese ensamblaje se hace aún más sutil. La armonía, de tipo estático, aparece aquí definida por series de bloques estacionarios relacionados entre sí.
«Diálogo del Viento y del Mar» es un mosaico de fragmentos y de texturas interminablemente variadas. Es como el mar; siempre el mismo aunque permanentemente cambiante, creándose ese diálogo de un Mar modelado por un Viento inspirado.

Destacan las sutiles gradaciones del color y de la luz que lo rodean e iluminan y se producen combinaciones orquestales de luz y sombra que inciden sobre él: es el color el que modifica su apariencia. Debussy capta, por medio de finas e infalibles pinceladas, el chiaroscuro de este mar siempre cambiante. La música transcurre en medio de tenues, y también violentas, coloraciones de las aguas.
La imaginación, la fantasía, la inspiración de Debussy, aunada a un perfecto dominio del oficio, renuevan el arte de la orquestación, convirtiendo al grupo de instrumentos en un cuerpo de luz y sonido de una sorprendente ductilidad y maleabilidad, y con una asombrosa capacidad para producir atmósferas, texturas, sonoridades, matices y colores.
La simultaneidad de líneas melódicas se transforma en manos de Debussy en una certera polifonía de colores.
Los acordes de Debussy «flotan sobre las aguas» sin que ninguna necesidad de causa y efecto los obligue a ir a un determinado lugar: son acordes que vagan libremente.
La singularidad de su luz ilumina, por igual, los fragmentos del pasado y la invención del presente, creando un diálogo entre el antes y el ahora, entre lo figurativo y lo no-figurativo. En este sentido, la obra es, en verdad, una fascinante narración del tiempo, anclada en el presente que vuelve la mirada, a veces furtivamente al pasado.
Diálogo del viento y el mar representa la lucha entre dos fuerzas antagónicas: metales como el Mar y maderas como el Viento.
El musicólogo Roy Howat ha descubierto matemáticas en “La mer”, que se divide en secciones ajustadas a la llamada “razón áurea”, a menudo usando la secuencia de Fibonacci. (0,1,1,2,3,5,8,13,21… 0; 1; 0+1=1; 1+1=2; 2+1=3; 2+3=5, 5+3=8; 8+5=13; 13+8=21. Así, los primeros 55 compases del último movimiento están divididos en cinco secciones de 21, 8, 8, 5 y 13 compases. Pero la razón áurea y esta secuencia se encuentran en la naturaleza y no hay pruebas de que el músico fuese más consciente de usarla que ella.
Debussy conocía a un grupo de pintores llamados “Les Nabis”. Ellos conocían la sección áurea. En una carta a su editor escribe: “en la obra que te he mandado, falta un compás, pero es muy importante para el número, el número de oro”.
La proporción áurea es el eje en esta obra.

Propuesta Plástica

La propuesta plástica se entremezclaría con la musical. La estructura formal de la obra sobre la que se construirá el desarrollo viene dada por la geometría sonora de la pieza.

Observamos como el desarrollo áureo se produce en la introducción de “Dialogue du Vent et la Mer”. A partir de ahí se genera el desarrollo de la obra de estructura rítmica lineal en varios niveles hasta llegar a la coda final.

Este sería el “esqueleto” en el que se sustentaría la obra final.

Sobre esta estructura se desarrollará un velo en el que se perseguirá todo un infinito de matices, texturas, atmósferas, vibraciones… que creen un verdadero diálogo del Viento y el Mar.

Así hablamos de “chiaroscuro”. La paleta de color sería en ocasiones tenues tonalidades llenas de matices, y en otras altamente contrastadas  permitiendo al Sol crear este “chiaroscuro” de forma magistral… (integrada en la arquitectura).

Creación de un diálogo entre lo figurativo y lo no figurativo.

*Estructura que va del (Caos) Naturaleza al orden (Arquitectura)

*Estructura patrón repetida n veces pero cada una diferente… Proporciones áureas verticales atravesadas por un sinuoso mar amenazante.

En las siguientes imágenes se observan los dibujos previos de un mural de 231,5 x 1062,6 cm.

El material elegido es fibra de vidrio con un grosor de 30 mm anclada al muro.

Crea esas ondas provocadas por “el diálogo del viento y el mar”. La fibra de vidrio es traslúcida de tal manera que de día sería modelada por la luz del sol y de noche estaría retroiluminada.